miércoles, 14 de agosto de 2013

BOLETIN DE PRENSA

 






            Desde el punto de vista geográfico y ecológico el Estado ha sido manejado pésimamente. Desde el régimen del Lic. Miguel Alemán Valdés comenzó la agresión al Istmo de Tehuantepec. Consistió en que era necesario abrir tierras a la ganadería.  Con ese pretexto se derribaron más de 18,000 km² de selvas altas perennifolias y selvas medias caducifolias, en una franja situada al occidente de la carretera transístmica, en territorio zapoteca y del bajo mixe. Esa, como todas, era una selva llena de recursos que incluían maderas finas y maderas resistentes para la construcción, así como multitud de plantas alimenticias y medicinales que desaparecieron.

El desconocimiento de los datos geográficos hizo posible que, al desaparecer el alto coeficiente de humedad y la temperatura estable que caracterizaba a esa región, el clima se radicalizó, elevándose, y los vientos del norte se incrementaron al grado de que, ahora en Santiago Lachiguiri, población zapoteca situada a más de 60 kilómetros de la región dañada, la gente se queja de que ya no llueve y que tienen que buscar lugares muy especiales, con ligera humedad, para sembrar el maíz de autoconsumo.
En el Istmo de Tehuantepec se encuentran dos municipios muy importantes: Santa María y San Miguel Chimalapa, habitados desde hace más de 4 000 años por población protomayense, de los que los zoques son los representantes actuales. Desde hace más de 40 años, una familia de madereros chiapanecos, ha aprovechado los bosques de la parte oriental y su acción ha provocado que exista población chiapaneca en nuestro Estado y que incluso el gobierno de Chiapas haya establecido un municipio, el de Belisario Domínguez, totalmente dentro del territorio oaxaqueño.
A la luz de la tónica que se está siguiendo, de acabar con los bosques, que en esa zona son de tres tipos: en la parte alta, bosques de coníferas (Pinus oocarpa); en la parte media, selva media caducifolia; y en la parte baja, selva alta perennifolia (la última que queda en el país), se está a punto de suceder un enorme error. Este territorio debe convertirse en zona Nacional Protegida o Parque Nacional. Más de 200,000 de esos km² representan el regulador térmico e hídrico que permite que existan los ríos Uxpanapa y Coatzacoalcos en el nivel que los vemos actualmente. Ese regulador térmico mantiene un régimen  elevado de lluvias, aparte de las ciclónicas, y regula, elevando los vientos fríos que vienen desde Canadá y el norte del continente. Si esa masa vegetal llega a ser destruida, los vientos fríos vendrán más próximos al suelo, la humedad ambiental desaparecería y por consiguiente en el Istmo de Tehuantepec  se sufriría un colapso, ante todo económico, en los municipios costeros, incluyendo los de Chiapas (Arriaga, Tonalá y Pijijiapan).
Aparentemente no nos damos cuenta de que si esto llega a ocurrir, en la franja costera del Istmo de Tehuantepec, donde actualmente los vientos superficiales en invierno llegan a alcanzar los 150 km/h, podemos cómodamente esperar que la intensidad de esos vientos se va a elevar en un alto porcentaje, y eso puede hacer incosteables los parques eólicos, porque un viento de esa intensidad podría derribar los generadores. Además, el golpe a la capacidad biótica del país por la casi desaparición de la fauna silvestre (por ej., águila harpía, jaguar, ocelote, tigrillo, tapir, senso, etc.), sería enormemente grave.  Ante esto está en juego una modificación sustancial de las características geográficas de un territorio lleno de vida, de árboles y de restos culturales olmecas, zoques y mayenses, que debe ser conservado en beneficio de la población de nuestro país. México no se puede dar el lujo de perder, por la ambición de unos cuantos, recursos que son fundamentales para el desarrollo del país ahora y en el futuro. Se debe señalar que los desmontes que se hicieron a principio de la década de los 50 en el occidente de la carretera transístmica, redujeron en un 50% el régimen de lluvias en los municipios costeros de Santo Domingo Zanatepec y San Pedro Tapanatepec, que pasaron, de una precipitación de cerca de 1 500 milímetros cúbicos anuales en 1960 a los 750 milímetros cúbicos anuales que caen actualmente. Imaginemos lo qué va a ocurrir en el Istmo si Oaxaca pierde los Chimalapas y se permite su explotación hasta la extinción.
MTRO. LUIS RODRIGO ÁLVAREZ.
INICIATIVA CIUDADANA OAXACA.
CENTRO REGIONAL DE DERECHOS HUMANOS BARTOLOMÉ CARRASCO BRISEÑO. A.C.



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